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  • Foto del escritorPaloma Mozo

Arte y chamanismo

Entrevista con Miguel Fávila hablando sobre mi evolución personal que está indisolublemente ligada a mi profesión y a mi experiencia con el cáncer de mama y la mastectomía.


Arte y espiritualidad para mí van de la mano. Ambos han estado en mi vida desde que fui capaz de tomar decisiones. Durante muchos años se mantuvieron separados en mi cabeza, era uno u otro, y me costó mucho sufrimiento unificarlos, darme cuenta de que el arte era mi conexión con lo divino, mi lugar de expansión espiritual. Tuve que pasar un cáncer de mama y mudarme nueve años a México -la cuna del realismo mágico donde levantas una piedra y hay un chamán- para aprender el poder curativo de los rituales artísticos.

México no se anda con chiquitas. Nada más llegar, asistí a un taller de respiración ovárica donde entré en contacto con un grupo de mujeres, y enseguida ocurrió la fatalidad de que una de ellas fue violada, por segunda vez. La maestra del taller nos avisó de que nuestra compañera estaba muy mal y que necesitaba nuestra ayuda para hacer un ritual con una chamana indígena. Acudimos al lugar sobrecogidas, sin saber qué nos íbamos a encontrar ni qué iba a ocurrir. Nos explicaron que nosotras estábamos solo para contener y apoyar formando un círculo de energía femenina amorosa. Nuestra compañera llegó como un cuerpo sin vida, respiraba y se movía pero sin voluntad ninguna. La anciana chamana, que no hablaba español, hizo un sencillo ritual con pétalos de rosa al tiempo que repetía sin parar unas palabras en lengua indígena a modo de rezo. Nosotras cantábamos las incomprensibles estrofas que acababan de enseñarnos y que sonaban como oleadas de un mar saliendo por nuestras gargantas. Enseguida comenzó a brotar de nuestra amiga un llanto húmedo, suave y sordo que movía su cuerpo, como si el mar se hubiera apoderado también de ella. No sé cuánto duró el ritual pero ya nos dolían las gargantas y el llanto se había secado. Cuando deshicimos el círculo y abrazamos a nuestra amiga, volvía a ser ella, su cuerpo estaba de nuevo habitado. Nos explicaron que su alma se había salido de su cuerpo para no sentir el dolor de esa terrible experiencia y que, a través del ritual, la habíamos invitado a que volviera. Cuando llegué a casa lloré mucho porque sentí que había recibido un gran regalo: una trascendental experiencia de comunicación entre la materia y el mundo sutil; y que me había topado de lleno con lo que había estado buscando, con el lenguaje del alma.



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